A inicios del Milenio, el valor de las redes sociales se vislumbraba en diferentes ámbitos; y hacia 2003 fue parte de una interesante iniciativa.
La propuesta de formación de un centro para promotores del desarrollo tenía como punto de partida la experiencia misma de promoción, que era retomada en los cursos para su revisión crítica y enriquecimiento, para su pronta aplicación práctica.
Los módulos para obtener la Certificación implicaban la participación en cursos presenciales a intervalos, intercalados con espacios para la reflexión y elaboración de reportes, coincidiendo estos últimos con el ejercicio práctico de la promoción.
El trabajo final debía construirse progresivamente, con productos parciales entre curso y curso. Mas esta indicación difícilmente se respetaba. Generalmente se esperaba finalizar todos los cursos para comenzar a trabajar el reporte final.
Se propuso para cada curso una comunidad virtual, como espacio en la red que facilitaría la comunicación entre quienes participaban de los programas de Escuela, entre curso y curso, cuando se encuentraban realizando el trabajo de promoción. La comunidad virtual aprovechaba herramientas de Internet para compartir documentos, intercambiar mensajes y marcar fechas relevantes; aprovechaba también el acceso a Internet que ya tenían las y los participantes.
Con una comunidad virtual, cada participante podría, paralelamente a su trabajo de promoción, intercambiar inquietudes con la/el responsable del programa y las/los demás participantes.
La comunidad virtual estaba organizada en secciones, cada una con opciones especiales. La sección de bienvenida, al ser la primera que aparece, presenta las novedades disponibles y mensajes más importantes.
La sección debates era un espacio de comunicación e intercambio de opiniones, donde se plantean líneas de discusión según las demandas de cada programa y las expectativas de sus participantes. Experiencias, noticias, lecturas de reflexión o participaciones de invitadas/os; fueron puntos de partida para los debates.
En la biblioteca se ubicaban documentos, en diferentes formatos (texto, gráficos, presentaciones animadas), con información, contenidos teóricos y reflexiones; relevantes a cada programa y el proceso que se siguía en ellos.
La sección agenda contenía fechas de cursos (obligatorios y electivos), eventos importantes (convocados por el centro de formación u otras organizaciones); y cada participante recibía una alerta vía correo electrónico para cada suceso. En la agenda se incluyeron fechas de cumpleaños, para contribuir a la cohesión del grupo. En la sección tareas se consignaron los productos encargados y los plazos de entrega.
Las Comunidades funcionaron en la medida que las y los profesionales responsables de los cursos alimentaron con contenidos estos espacios. Noticias, documentos y comentarios eran motivo para visitas e intervenciones por las y los participantes.
Un aporte novedoso fue incluir a una egresada del centro que se desempeñaba en el extranjero. Motivó una comunicación interesante, a partir del intercambio de experiencias.
La desventaja tecnológica mayor de las Comunidades era su arquitectura basada en Java. Implicaba transferir la carga de las aplicaciones a los computadores de los usuarios, con el consecuente consumo de tiempo. En líneas de baja velocidad, la carga avanzaba con tal lentitud que se desistía del acceso. Adicionalmente, diferentes organizaciones y centros de cómputo tenían filtros que impedían el acceso a aplicaciones de ese tipo.
lunes, 8 de marzo de 2010
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Es interesante revisar después de tiempo una experiencia vivida y tomar conciencia de los logros y limitaciones. Creo que la pregunta inmediata es ¿Qúé aprendimos de la experiencia? ¿Qué haríamos mejor una próxima vez? ya partir del título ¿qué podemos hacer para crear una "comunidad" virtual realmente existente?
ResponderEliminarSigamos reflexionando sobre las experiencias como un ejercicio de aprendizaje y superación permanente
Arnaldo
Gracias por las preguntas, Arnaldo.
ResponderEliminarDefinitivamente, una primerísima lección está en la importancia del acompañamiento. Tal tarea es una responsabilidad que ha de anticipartse en propuestas similares. Alertas, recordatorios, informes; si bien se cuenta con herramientas que automatizan estos reportes, es valioso (y necesario) el mensaje humano, como recordatorio a cada participante sobre su pertenencia a un colectivo de semejantes.
Adicionalmente, y acorde con la "Ola 2.0" una propuesta similar ha de aprovechar mejor las opciones de redes sociales disponibles. En aquel entonces, se consideró una ventaja en el escenario en que cada participante tenga una cuenta de correo electrónico. Hoy en día, tales participantes seguramente tienen cuentas en YouTube, Hi5 y Facebook (por mencionar solamente algunos ejemplos).